La biodanza presenta infinitas posibilidades. Son el estudio del movimiento del Alma, el asentamiento de la mente , la libertad del cuerpo, pero sobre todo siento la liberación de mi oprimida intuición. La intuición femenina reprimida y la masculina aniquelada. Y el no saber que si no tenemos conectados mente , intuición y cuerpo, todo se desequilibra. La biodanza une todo para asentarnos en la tierra.
Pero esta es una definicion pobre hecha por mi y que seguro un experto explicaria mejor.
La cosa es que hoy tenia ganas de contar una clase, sobre todo por que para mi fue especial.
Me sentía como en una tribu ancestral y maravillosa. Pisando fuerte con el sonido de los tambores saliendo aire de mi cuerpo que se convertía en palabras. Con mucha fuerza , sacando la rabia hacia afuera y entrando la dulzura y la fuerza. No era ni mujer ni hombre, era persona conectada con la parte salvaje y la armonía de la tierra.No funcionaba la mente, solo la intuición , el corazón , mi plenitud.
Me sentía como en un aquelarre de la "Mari". Claro que no con el despectivo nombre de brujas, si no con el amado nombre de mujeres que desean vivir con toda su fuerza, con su dulzura , con el amor creador.
Somos creadoras , nacimos para crear y para amar a todo lo que nos rodea. Y aunque nos hemos olvidado, porque así lo han querido las circustáncias, en cada clase veo esa parte de mi y me encanta.
La biodanza es autoregulación , por lo que los movimientos los gestionas tu mismo. Generalmente en mi van suaves, pero en esta clase mi cuerpo podía con más y más, pero curiosamente me sentía flotando y menos cansada de lo habitual.
Bailamos , danzamos , fuimos absolutamente libres y lo vivimos con plenitud en cada instante, y os aseguro que no hay mejor sensación en el mundo. Creemos que somos libres, pero que lejos estamos de la verdad.
Nadie puede ser libre si dependemos de un trabajo, de una imagen , de un que diran los demás, de reprimirnos en nuestras opiniones , en nuestras acciones etc.
Pero yo hoy puedo decir que fui absolutamente libre durante 2 horas, que no estaba en una sala de un edificio, que me sentí en la selva pura , sentía tierra en mis pies, olía a agua , a hierva y veía el cielo, escuche la lluvia y me sentía en paz con el mundo.
Pero lo mejor de la biodanza es que pasados los días aún te quedan esas sensaciones en el cuerpo.
Veo todos los días a personas a las que sé, el bien que les haría disfrutar de estas clases, pero también veo lo cerrados que tienen sus corazones y como son dominadas por las mentes y se que todavía no es su momento.
Pero yo disfruto plenamente del mio y espero que algún día estén conmigo , danzando libres por mi selva.
escrito de Raquel Miragaya Fernandez
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