miércoles, 1 de mayo de 2013

HOY RECIBO ESTE REGALO EN EL FACEBOOK DE ESKAR ,Y ME HE SENTIDO TAN GRATAMENTE IDENTIFICADA, QUE HE DECIDIDO COPIARLO Y PEGARLO AQUÍ, PARA QUE LO DISFRUTEÍS JUNTO A MI. SIENTO COMO SI LO HUBIERA REDACTADO YO MISMA. ES IMPRESIONANTE VER CUANTAS MUJERES SENTIMOS IGUAL.


Yo siempre me he preguntado qué significaba lo femenino. Digamos que desde joven tenía bien claro qué significaba lo masculino. En mi entorno lo masculino estaba bien valorado, era lo deseable, a lo que aspirar. Era mejor jugar al fútbol que al elástico; eran mejor las ciencias que las letras; era mejor trabajar fuera de casa que dentro. Y así, el estatus de las cosas y actividades que pertenecían al mundo masculino dominaban la escena con discreción y eficacia. Era mejor lo masculino que lo femenino, porque los hombres eran más inocentes (me decían de pequeña) y las mujeres más maliciosas. Porque al hombre se lo consideraba virginal y de buen corazón y a la mujer taimada y seductora. Por eso, los hombres debían protegerse de nosotras y entre nosotras no podíamos ser amigas, tendíamos a la envidia y la difamación de forma natural. Esta es la imagen que yo guardé en los primeros años de vida de lo que significaba ser mujer. Después una va creciendo y se va encontrando con que los hombres no son esos entes puros y buenos al que las malas mujeres pueden llevar a la perdición, sino que los lobos existen (no sólo en los cuentos de caperucita). Sin embargo, ya poseía la imagen bíblica de la pérfida Eva dando a Adán la manzana, expulsando al inocente hombre del paraíso. Y así me quedé, con una protesta interna que con la edad se convirtió en un feminismo en el que querer y poder hacer las cosas que los hombres hacían era mi objetivo. Y así, hice un bachillerato de ciencias, aunque la carrera la elegí de letras, porque era mejor. Y así, me dediqué a los deportes de aventura (no por gozo personal -excepto la escalada que para mi era más una meditación- sino por la necesidad de sentirme que podía hacer las cosas que los hombres hacen). Y entonces decidí no tener una relación estable porque era lo que los hombres independientes y libres hacían. Y me dediqué a la empresa porque eso era mejor... y tantas y tantas cosas...

Ahora miro con una mezcla de extrañeza y pesar dónde se fueron esos años de mi adolescencia y juventud. Miro en mi interior y no me creo casi que esa haya sido yo en algún momento. No puedo comprender como solo me llegó esta imagen poderosa y castrante de la Eva maliciosa y pérfida arrastrando al buen hombre; cuando a poco que miremos alrededor nos daremos cuenta de cuánta mentira y decadencia existe tras esta imagen.

Hemos sido las mujeres tradicionalmente las que hemos soportado en nuestros cuerpos los deslices, los deseos y los abusos de los demás. Nos han quemado en la hoguera por brujas. Era nuestro cuerpo el que ha sido repudiado por los beatos y teólogos, objeto de temor y desprecio.

Ya es hora de dar un punto final a todo esto. Mujeres despierten, pero con amor. Nuestras diferencias nos complementan. No luchemos mas por igualarnos.

Mónica Felipe-Larralde