LA DIOSA QUE NO SABÍA DECIR NO
Perséfone
era hermosa, delicada, inteligente, audaz, pero no se lo creía. Una Diosa
introvertida que reía con otras Diosas, aunque todas sabían, que en su interior
fingía.
El día que
conoció al Señor de las profundidades, dueño del mundo oscuro y subterráneo, no
supo decir NO, y poco a poco él, la fue llenando de halagos y hermosos regalos,
donde ella sentía, lo que siempre pedía, AMOR.
Deméter,
madre de las madres y de Perséfone, observaba inquieta, pero no hacía nada,
pensó que si la contradecía, sería más fácil
perderla.
Así que
cierto día, el Señor de lo profundo, la agarró de la mano y preguntando ---¿vienes
conmigo?
Perséfone no
supo decir NO y con un brutal movimiento, la sumergió en las profundidades de
la tierra, en la oscuridad, la pena, las tinieblas.
Donde permaneció
a prueba.
Mientras Deméter,
la esperaba en el mismo surco, por donde entró, rondando cada día, por si
decidía pedirle que de allí la sacaría.
Pero Perséfone,
apartada de la vida, de su familia, de sus amigas, cada día más fría y solitaria,
sentía que aquella era su vida.
El Señor de
lo profundo, odioso y manipulador, cada día le exigía e insultaba, la movía a
su antojo y le preguntaba, sabiendo que Perséfone,
no sabía decir NO.
Él tomó en
su mano una granada sagrada, fruta prohibida que encadenaba el Alma, y se la
entregó. Le contó cual era el trato, sólo comiendo uno de aquellos brillantes
frutos, sería la Reyna de lo profundo.
Perséfone,
nuevamente no supo decir NO, así que comió y con aquello, sentenció su vida.
Pasaban los
días sin saberlo, siempre en la oscuridad, esperando la llegada de aquel brutal
Señor, que decía amarla, mientras la movía como un juguete, de un lado a otro,
de las profundidades de la tierra.
Perséfone
aprendió a llorar sin derramar lágrimas, aprendió a callar y a quedarse quieta,
donde su Señor la dejaba.
Un día
escuchó una voz, que la llamaba, era dulce, amable, cariñosa, ya no recordaba
que aquella voz, era su madre amada.
Escarbó un
poco y miró hacia arriba, vio a Deméter que le indicaba la salida. Perséfone sonrió,
pero sin más motivo, se paralizó, no podía salir, había hecho un trato sagrado.
Así que con un puñal de amor metido en su ombligo, bajó de nuevo a las
profundidades
.
Mientras
continuaba su vida, recordando aquella voz, que le daba alegría y la mantenía con
vida.
Por fin un
día, en el que el Señor le mandó, matar raíces de vida, ella respondió NO,
aquella consonante retumbó en su cabeza, se hizo enorme, le llenó de fuerza. Él
la agarró con odio y destreza, pero Perséfone miró hacia arriba y vio a Deméter,
que allí seguía, mirando a lo profundo, ignorando al resto del mundo.
Perséfone
huyó, salió buceando como si en aguas estuviera y cuando casi, estaba en la
superficie, sintió como la agarraban con fuerza las piernas, a la vez que
Deméter le cogía de las muñecas y gritaba con una voz firme y clara
---“suéltala
Señor del mundo subterráneo o te abro el cráneo”.
El Señor
perdió la fuerza y soltó.
Perséfone ya
estaba fuera, abrazada a Deméter, con todo el amor en su preciosa cesta que la
recogió y llena de cuidados la colmó, hasta recobrar las fuerzas.
Pero
Perséfone sabía que tenía un pacto de por vida y que debería volver.
Así que
habló con sus amigas, Diosas hermosas, inteligentes, fuertes y supervivientes
de otros mundos, y tomó una decisión
.
AHORA ES
REYNA Y DIOSA DEL MUNDO SUBTERRANEO, CONOCEDORA DE LO PROFUNDO, DEL DOLOR, DE
LA TRISTEZA Y CUIDA DE LAS PROFUNDIDADES DE LA TIERRA.
Si sientes
algún dolor en tu mundo interior, Ella y sólo Ella, sabrá sacártelo y mandarlo
con un NO, a los apartados y estériles mundos subterráneos, donde un día su
Señor era poseedor.
Ahora el
dueño de sentir EL DOLOR DEL MUNDO, perdido, sin fuerzas, a las órdenes de la
verdadera REYNA, LA DIOSA PERSÉFONE.
Texto de RAQUEL MIRAGAYA

